La era de la iconofagia

La era de la iconofagia

  • Editor(@s)/Creador(@s): Norval Baitello junior
  • ISBN: 978-84-96980-35-8
  • Páginas: 131
  • Dimensiones (mm.): 135 x 170
  • Fecha de publicación: 2008
  • P.V.P.: 10.00 €
Dirigida por Rodrigo Browne y Victor Silva Echeto, presenta una serie de autores de America del Sur, sus ideas y sus teorías en el marco de la postmodernidad.

Norval Baitello junior traza en estas páginas los escenarios de lo que él mismo ha denominado “la era de la iconofagia”, título que subraya los simulacros entre los que trascurre nuestra vida en una sociedad mediatizada, globalizada, teleidiotizada, donde los espejos reinan en todas sus facetas narcisistas, y donde el ser humano se encuentra perennemente exiliado de su casa (su propia piel, su propio cuerpo), porque vaga perdido en una laberinto de imágenes que, en vez de reflejarlo, lo inventan, lo deforman, lo convierten en un holograma, un dibujo que otros dibujan, dulce sueño o pesadilla, que los intereses del mercado sueñan para aumentar sus ganancias.

“Devorar imágenes” o “ser devorados por ellas” no son opciones alternativas, sino simultáneas. Es un estado de la cuestión, una descripción de nuestra realidad cotidiana, una condición inexorable de la que los humanos de la era digital no podemos escapar. El momento histórico que nos ha tocado en suerte es el de la proliferación indiscriminada, a veces cruel y salvaje, de imágenes que no son sólo objeto de nuestra mirada (y como tal permanecen en el exterior, fuera de nosotros, a cierta distancia de seguridad, diríamos), sino que más bien actúan, orientan, ordenan, se convierten en tiranas de nuestros sentimientos y percepciones. De tal suerte, gran parte de nuestras reacciones-sentimientos sobre personas y situaciones del mundo no derivan de nuestra experiencia directa, sino de nuestras imágenes mentales, ya preconfeccionadas por nuestro sistema social (inclúyanse aquí todos los estereotipos de se refieren a personas que conocemos, y los prejuicios contra las minorías, los diferentes, los extranjeros a los que no conocemos).

Las imágenes se han convertido en nuestro archivo histórico, en nuestra memoria colectiva, y cada vez más imágenes aspiran a colonizar nuestro futuro, nuestro imaginario, nuestros deseos. Recordamos, pensamos, soñamos a través de imágenes que invaden nuestra existencia, alejándola de la vida real, proyectándonos en una dimensión virtual en la que los sentidos y los lenguajes de nuestro cuerpo se sustituyen con las imágenes que las máquinas crean para nosotros.

El sentido rey de nuestro tiempo es la vista, sentido de la distancia y de la separación por excelencia, mientras que otros sentidos, como el tacto o el oído han caído en un desuso alarmante, se han vuelto obsoletos y se atrofiarán, reduciendo las posibilidades de lo humano, si no ponemos remedio. Norval Baitello nos recuerda, entre otros, el fenómeno de la violencia doméstica, juvenil o ciudadana, que sólo se convierte en violencia condenable cuando se hace visible, cuando se retransmite, cuando se convierte en espectáculo. Si cuerpos e imágenes se disocian y se colocan en sistemas cognitivos diferentes, los seres humanos están condenados a la distancia, en detrimento del contacto y de la proximidad, condenados a la superficialidad, en detrimento su dimensión espiritual, condenados a un pensamiento “sedado” y “sentado”, condescendiente y acrítico.

Norval Baitello junior amplía el alcance de una teoría de la comunicación que no deja fuera de su ámbito de estudio el cuerpo humano como medio primario. Es decir, ni la comunicación, ni el marco cultural y social en el que ésta se desarrolla, pueden prescindir del cuerpo. Se reclama así una atención a los cuerpos vivos de seres humanos vivos, y un estudio detallado de sus implicaciones en los procesos culturales y comunicativos, siguiendo las mejores pistas de una semiótica humanista que no puede olvidar que una teoría de la comunicación implica la dimensión material de la vida y, junto a ella, la dimensión espiritual-cultural-social que en la que se proyecta. El gran maestro brasileño nos recuerda que toda teoría de los medios de comunicación tiene que estudiar también los nuevos escenarios que éstos crean para las personas reales del planeta, y las diferentes definiciones y redefiniciones que de lo humano nos proponen.

En este libro se advierte del peligro que la vida sufre cuando se petrifica en signos y símbolos en los que nadie puede reconocerse ya, símbolos que abocan a la muerte (los cuerpos-bomba de los terrorista, pero también los cuerpos de la anorexia que se convierten en tales por seguir los imperativos de la moda), símbolos que mienten descaradamente (algunas reescrituras de la historia que favorecen a los poderos vencedores), símbolos detrás de los cuales ya no existen personas, sino cómputos matemáticos (estadísticas por ejemplo), ya no existen sujetos con nombres y cuerpos reales, sino categorías abstractas (los telespectadores, los consumidores).

Si los humanos somos signos, como había proclamado Peirce en los inicios de la semiótica, después de varias décadas de su absoluta supremacía y difusión a través de los medios de comunicación, como sostiene Norval Baitello, debemos oponernos a que la ecuación sea reversible: ningún signo podrá sustituir nunca a un ser humano sin reducirlo a la inercia, a la indiferencia o a la muerte. No “somos” la marcas que vestimos o comemos, no “somos” el icono de una raza, una nación o un sexo, porque “somos” siempre algo más, algo que no puede clasificarse, archivarse, algo más que viene dictado por la irrepetibilidad en el tiempo y en el mundo de nuestro cuerpo (conjunto inseparable de carne y espíritu, evidencia y misterio). Los humanos, por hacer un guiño a Benjamin, somos obras de arte no reproductibles.

Mercedes Arriaga Flórez
Universidad de Sevilla, 2008

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