Mujeres, espacio y poder

Mujeres, espacio y poder

  • Editor(@s)/Creador(@s): Mercedes Arriaga et alii
  • ISBN: 84-934508-2-0
  • ISBN: 978-84-934508-2-3
  • Páginas: 739
  • Dimensiones (mm.): 220 x 150
  • Fecha de publicación: 2006
  • P.V.P.: 26.00 €
Dirigida por Mercedes Arriaga, propone estudios de género y feministas en el ámbito de diferentes áreas de conocimiento.

La reflexión de la mujer en torno al espacio se detecta ya en los títulos de muchos de los trabajos punteros en la historia del feminismo. En el caso concreto de las mujeres, el espacio adquiere una relevancia especial ya que se trata de una categoría que, ciertamente, ha determinado de forma muy especial su conducta y su ser social. Es más, ha sido muchas veces desde el espacio o los espacios que habitaron o a los que se les permitió el acceso, desde donde se han proyectado modelos de conducta y de identidad "típicamente" femeninos. Así, por poner dos ejemplos, "el ángel de la casa" o "la mujer loca en el ático" han tomado como punto de partida un espacio para asociar al mismo un modelo de feminidad positivo y negativo, respectivamente.

En las sociedades patriarcales - y hasta hace bien poco prácticamente todas las conocidas lo han sido -, a la mujer se la asociaba con y su presencia se restringía a la llamada esfera privada, concretamente a la esfera doméstica, a la casa y, dentro de ésta, especialmente, a ciertas habitaciones como la cocina, el dormitorio o la sala de estar. No podemos siquiera pensar en la casa en términos generales, pues la biblioteca, por ejemplo, se convertía en un lugar primordialmente masculino - no en vano muchos textos literarios aluden a las reuniones masculinas en la misma tras las comidas?; el ático, se convertía en un reducto reservado a aquellas que no se amoldaban a los esquemas y modelos prefijados, y había que encerrar; y los pasadizos, subterráneos y bodegas en espacios amenazadores para aquellas que se aventuraban en los mismos - como nos ha mostrado reiteradamente la literatura gótica.

Teniendo en cuenta estos espacios “femeninos,” podría sorprendernos la reivindicación de Virginia Woolf cuando afirmaba que “a woman must have money and a room of her own if she is going to write.” Si la mujer ya tenía unos espacios en la casa, por qué Woolf pide para la aspirante a artista una habitación propia. Probablemente, sea pertinente tener en cuenta que la mayoría de los llamados espacios femeninos como “la cocina” o “el dormitorio” no lo eran tal. La cocina, por ejemplo, era y sigue siendo un espacio reservado a la mujer en calidad de trabajadora pero que es continuamente invadido y “disfrutado” por el resto de los miembros de la familia; y el dormitorio era, en realidad, el lugar reservado para el descanso y el placer del hombre. Woolf está, probablemente, reivindicando para la mujer un espacio privado semejante, por ejemplo, al despacho, tradicionalmente masculino, en el que la mujer pueda desarrollar su actividad creativa, libremente y alejada de las constantes molestias e interferencias de los restantes miembros de la casa.

Todas estas reflexiones podrían parecernos que hoy en día ya no tienen cabida, aunque la historia cotidiana de muchas mujeres demuestre lo contrario. Por ejemplo, es cierto que cada vez aparece más publicidad en los medios de comunicación en la que se muestra a mujeres en ámbitos de la esfera pública - calles, oficinas, centros sociales y culturales. Y también es verdad que muchos anuncios presentan a hombres en la cocina, o bañando a los niños, o adecentando el dormitorio. Sin embargo, el acceso de las mujeres a los espacios públicos no está exento de peligros para las mismas - la violencia y la discriminación, por ejemplo, les siguen acechando. Y en aquellos minutos publicitarios en los que se presenta a hombres en espacios tradicionalmente considerados “femeninos,” se representa a unas figuras masculinas mayoritariamente ridiculizadas por su torpeza, su ignorancia o su sumisión - es decir, no se trata generalmente con naturalidad esta redistribución o desconstrucción de los espacios en términos de género.

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